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La burguesía a la ofensiva por todos lados; el proletariado en orden disperso

Anonyme, Lundi, Août 10, 2009 - 08:52

Habrá que sacar rápidamente las lecciones de las luchas de principio de año y darse los medios para hacer retroceder a la clase burguesa, para frenar los ataques, para imponer mediante la fuerza de la lucha la defensa de nuestros intereses de clase. Tales son los retos de las semanas próximas.

La burguesía al ataque

La crisis económica del capitalismo no deja de volverse más profunda, de extenderse, de afectar uno tras otro a todos los sectores de la sociedad. Y, por supuesto, son ante todo el proletariado y las poblaciones campesinas o sin recursos quienes pagan los gastos.

No terminaríamos de enumerar las empresas -ayer supuestamente florecientes- que despiden, que cierran la puerta, que arrojan a la calle a cientos y miles de personas. No terminaríamos de citar los “planes de despido”, las “reestructuraciones” que se traducen en el desempleo de proporciones crecientes de obreros. No terminaríamos de hacer la lista de los sectores afectados frontalmente por la crisis; de hecho, ningún sector se escapa.

Del sector bancario al automotriz y sus subcontratistas, de la industria química a la agroalimentaria, del sector de servicios (correo, distribución de gas y electricidad, etc) a los servicios médicos, pasando por los transportes aéreos o ferroviarios, por todas partes y en todos los países del mundo es la hora del cierre de empresas, de la reducción drástica de efectivos, cuando no se trata del hundimiento puro y simple.

Por todas partes en el mundo la clase obrera sufre el maremoto de la crisis capitalista.

A estos ataques, a los que se les podría llamar “directos”, se añaden otros más insidiosos, más disimulados y, sin embargo, igualmente brutales.

Alargamiento de la duración del trabajo mediante la ampliación de la jornada o de la semana de trabajo; aplazamiento de la edad para el retiro; deterioro y baja de las pensiones cuando éstas aún existen; aumento de las cotizaciones sociales (para enfermedades y otras) a la vez que bajan los reembolsos; aumento de las cotizaciones para seguro de desempleo, a la vez que bajan las indemnizaciones, etc. Todos estos ataques menos visibles no dejan de constituir una agravación considerable de las condiciones de vida de los obreros, ataques cuyos efectos se sienten ya y que solamente empeorarán con el tiempo. Hay planes ya en marcha, otros previstos, en todos los países del mundo.
Y los diferentes planes de despidos, de “reestructuración”, los “planes sociales” que por todas partes en el mundo están en marcha o en preparación significan, de un lado, el desempleo, la miseria, el descenso al infierno de la exclusión y la miseria para los que quedan fuera, y de otro, el aumento de los ritmos de trabajo, la prolongación de la jornada laboral, la reducción del salario real así como del salario diferido (prestaciones sociales más costosas en cotizaciones, pensiones y reembolsos de cuidados médicos y otros cada vez menores) para los que logren escapar (por esta vez) de ser arrojados a la calle, para los que logren escapar de la red. Y, lo sabemos todos, nuestro turno puede llegar pronto.

El proletariado: combativo pero desorientado

Se puede constatar cada día, a través de las escasas informaciones que atraviesan la barrera de la censura de los medios de difusión, que nuestra clase resiste ante estos ataques. Y que frecuentemente expresa un descontento y combatividad ejemplares. Los casos de luchas no faltan estos últimos meses por todo el mundo. Desde las luchas de principio de año en las Antillas Francesas (Guadalupe y Martinica) a las luchas en España, Inglaterra, etc., los obreros han demostrado que no están decididos a dejarse. Aunque, si bien las reacciones no han faltado, hay que constatar que éstas son aún dispersas y que la burguesía sigue teniendo el control. Los golpes asestados son sin embargo muy violentos e incesantes, pero gracias a maniobras de diversión, gracias a sus sindicatos que logran encerrar a los obreros en “su sector”, en “su” empresa, en su región, las respuestas aunque combativas han sido hasta ahora insuficientes incluso para enlentecer los ataques.

Las perspectivas que se dibujan para los meses y semanas próximas van a ser sin duda decisivas para nuestra clase. Al mismo tiempo que la burguesía estará en la obligación de acentuar aún más sus ataques en todos los frentes, al mismo tiempo que las tasas de desempleo van a seguir estallando y que los que quedan en la calle estos meses van a sufrir cada vez más fuertemente los efectos de la misera, en tanto que los que aún están en las empresas van a ver acumularse los ataques, las condiciones objetivas de la reacción obrera van a encontrarse cada vez más reunidas.

Habrá que sacar rápidamente las lecciones de las luchas de principio de año y darse los medios para hacer retroceder a la clase burguesa, para frenar los ataques, para imponer mediante la fuerza de la lucha la defensa de nuestros intereses de clase. Tales son los retos de las semanas próximas.

La responsabilidad de las minorías comunistas

En esta situación, particularmente difícil para nuestra clase, tenemos que constatar y deplorar no solamente la debilidad de las minorías comunistas, sino sobre todo el encierro sectario que los grupos y organizaciones del campo proletario sufren y mantienen.

Pero de lo que la clase requiere -y solamente sus vanguardias comunistas pueden aportarle, y es además su responsabilidad- es de una orientación, de indicaciones políticas claras, de objetivos definidos que le indiquen el sentido de su combate y la realidad de lo que está en juego.
Para ir a la lucha, ponerse en huelga, la masa de los obreros no tiene esencialmente necesidad de sus minorías comunistas; puede hacerlo por sí misma, y de hecho lo hace. En cambio, para llevar a cabo la lucha en un sentido tal que la relación de fuerzas pueda volverse en su favor; para deshacer las trampas y emboscadas que la burguesía, su aparato de izquierda y sus sindicatos, no dejan de tenderle; para captar la amplitud de la situación y la profundidad de los desafíos, las minorías comunistas son indispensables y es por esta tarea específica que la clase les hace nacer, históricamente.

Es a esto que las minorías comunistas deben (¡o deberían!) consagrarse actualmente.

Al observar lo que los grupos políticos auténticamente comunistas (BIPR, CCI, PCI-Le Prolétaire, especialmente) hacen en la actualidad, se puede constatar un desfase con las necesidades de nuestra clase.

Lo que las minorías comunistas deben hacer hoy -además de estar presentes lo más que sea posible en las luchas y de esforzarse por impulsar al máximo sus potencialidades- es trabajar por reagrupar sus fuerzas, lanzar el debate entre ellas para definir los desafíos de la situación, los objetivos inmediatos y a mediano plazo que plantean las luchas actuales y las venideras.

No se trata, por supuesto, de ir hacia no se sabe qué “frente unido” o algún otro reagrupamiento sin principio. Se trata de emprender, sobre los desafíos de la situación, un debate real entre los revolucionarios con el fin de delimitar cuáles son los puntos de acuerdo y de desacuerdo con el fin, especialmente, de presentar a nuestra clase un marco al cual pueda referirse.

Sin subestimar un sólo instante, sin olvidar o “dejar de lado” las divergencias, debemos basarnos sobre lo que es común a la Izquierda comunista para presentar a la clase una alternativa política.

Esta es, para nosotros, una de las tareas del momento.

18 de julio de 2009.

Boletín Comunista 47 - Fracción Interna de la CCI

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