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Elogio de Oscar del Barco y un texto de éste por Oscar Portela

oscar-portela, Mardi, Mai 26, 2009 - 14:47

Oscar Portela

"Estimado Arturo Larrabure: la verdad estuvo siempre frente a nuestros ojos y no la sacó a luz Vigo Leguizamón sino un filosofo que se enfrentó personalmente a Menendez y que treinta años después, realizó el más profundo, hondo, descarnado autoanalisis de su apoyo a la acción violenta considerándose culpable - tanto como los milicos que se propasaron y que sabemos así fué - , despertando en todos sus ex compañeros de ruta, odio y repulsa, incluso en pensadores que no conocieron de cerca este derrotero: lamento decirte todo esto pero existe en nuestro pais - y eso lo llevó a la ruina - , una lamentable indiferencia hacia la tarea del intelectual, como si no hubiesen sido estos los que movieron todas las grandes y a veces tristes revoluciones del mundo: no importa.
Vigo pasará a la historia de los descubridores y reivindicadores de la historia paralela:
Oscar del Barco en la opacidad de su silencio pasará a la historia del pensamiento aún para los que no estén de acuerdo con el...., pero nadie, absolutamente nadie me discutirá que ya en su memorial, - en esa gesta de pensamiento y acción que es su obra- estaba todo dicho, y que su valentía para hacerlo no tuvo absolutamente nadie - no perdonarese- y mostrar aquella tragedia como no la mostro nadie.
Dale mis felicitaciones a Vigo y a vos mi apoyo de siempre: aquí te envió unas letras de un hombre que vive solitario en Córdoba, pero que es publicado por la fundación Heidegger, algo que no les sucede a los otros pènsadores Argentinos".Lo siento por mi país: Oscar Portela.

del Barco - el filosofo latinoamericano más lúcido de nuestra época - termina su polemica sobre una ética más allá de la ética en esta contestación al pensador León Rozitchner": Oscar Portela

Observaciones al artículo de León Rozitchner, “Primero hay que saber vivir…”,

por Oscar del Barco

I

Comienzo con las primeras cuatro palabras del título del artículo de Rozichtner: primero hay que saber… sí, hay que saber… de quién se habla y de qué se habla, en consecuencia no se le debe inventar al otro una vida que no es la suya ni atribuirle ideas que nunca tuvo para así facilitarse la tarea descalificadora...

Es extraño: Rozichtner comienza dirigiéndose a mí y luego, repentinamente, habla de “ellos”.

Este paso al “ellos” introduce una confusión respecto a quienes son el objeto de sus críticas. Me supongo que en el “ellos” lo incluye a Pancho Aricó, a Schmucler, a Kiczkowsky, a Portantiero, a todos los que participaron en la revista Pasado y Presente y, además, a esa indeterminada “izquierda sin sujeto” a la que con ligereza menciona constantemente.

Con el “ellos” oculta el hecho de que cada uno de nosotros siguió su propio camino y que ya no podemos ser incluidos en ese amorfo “ellos” que nos unifica y al mismo tiempo nos ignora.
Rozichtner ignora que yo no participé en la segunda época de Pasado y presente, la que apareció en Buenos Aires con una nueva dirección y con objetivos políticos distintos a los de su primera época…

Ignora que el pequeño grupo que sacó Pasado y Presente en la primera época se había disuelto y que ya no volvería a existir como tal grupo…

Ignora que Aricó se fue a vivir a Buenos Aires y que junto con Portantiero dirigieron la revista en su “nueva época”; que Schmucler se incorporó a la juventud peronista; que Kiczkowsky, luego de estar detenido un año en Salta con los guerrilleros del “ejército guerrillero del pueblo”, siguió trabajando en Córdoba; y que yo seguí con mi militancia política y mis estudios también en Córdoba…

Ignora que en México yo no integré el Grupo de discusión socialista y que sólo asistí a una reunión porque me invitaron a discutir mi libro sobre Lenin…

Ignora que yo no firmé ninguna declaración adhiriendo a la guerra de las Malvinas…

Ignora que cuando volvimos a la Argentina ni yo, ni Schmucler, ni Kiczkowsy, integramos el “Club de Cultura Socialista”, ni participamos en la revista “La ciudad futura” (y debo decir que no participé de hecho y no por diferencias ideológico-políticas, pues en general compartía las posiciones de ese grupo “socialdemócrata”, “progresista” o como se lo quiera llamar).

Y si bien nadie tiene por qué conocer nuestras particulares historias personales, sí tiene la obligación ética de conocerlas el que se ponga a hablar sobre las mismas. Me atrevería a decir que es una cuestión elemental del oficio de un “crítico” de la política, de la filosofía, de la historia o de lo que sea…

II

Rozitchner critica mi “intelectualismo” ignorando no sólo mi militancia política sino también los textos en que critiqué el “intelectualismo” de Lenin, de Althusser, de Colletti, de Paramio y Reverte (con estos últimos polemicé sobre el intelectualismo en la revista española “El viejo topo”).
Los libros a los que me refiero y que Rozitchner ignora son Esencia y apariencia en ‘El Capital’ de Marx, El ‘otro’ Marx y Esbozo de una crítica de la teoría y la práctica leninista. En todos ellos critico extensamente el “intelectualismo” que graciosamente él me atribuye.

En el último de los libros citados denuncié no sólo el intelectualismo de Lenin sino también su participación directa (junto con Stalin y Trotski, -éste en Terrorismo y estado explicó cómo ser un buen “terrorista”-) en la instauración de un régimen de provocaciones y asesinatos destinados a someter a la población rusa y a exterminar a la oposición populista, menchevique y “pequeño burguesa”, calificándolos a todos bajo el rubro de kulaks, “bichos”, “enemigos de clase”, etc.
Rozitchner ignora tanto mis libros como mi militancia política.

Debo pensar que se trata de un “método” polémico consistente en ignorar lo que se critica o simplemente en dar vueltas las cartas sobre la mesa haciéndole decir al otro lo que no dice y hacer lo que precisamente no hace…

III

En su artículo me hace aparecer como opuesto a “toda” violencia, ignorando que yo hablo de muerte, de asesinato, de violencia asesina, y no de violencia en general.

Rozichtner distingue entre violencia-asesina y resistencia, y mediante un malabarismo mal intencionado convierte mi oposición a la violencia-asesina en una oposición absurda a toda resistencia. Se trata por supuesto de una artimaña para confundir a los lectores.

En varios de mis escritos referidos a la “política” (y cualquiera, incluso Rozitchner, puede leerlos) planteo como esencialmente válida la resistencia de los pobres, de los explotados, de los enfermos, de los presos, de los perseguidos y discriminados, de los transexuales, de los artistas, de las mujeres, de los viejos, de todos los que de alguna manera luchan por una sociedad justa, equitativa y libre.

Por otra parte pienso que los seres humanos pueden oponerse a cualquier clase de violencia e incluso de contra-violencia, vale decir de llevar el pacifismo, en caso de ser necesario, hasta el martirio.

En la carta a “La Intemperie” yo atribuía al terror que se instauró en los llamados países “socialistas” o “comunistas” una responsabilidad fundamental en el fracaso de los ideales revolucionarios de nuestro siglo.

Al rechazar el “comunismo” los pueblos de esos países se resistieron a vivir en regímenes de dictaduras totalitarias.

Este fracaso (y digo “fracaso” porque esas dictaduras, mal llamadas “socialistas”, en lugar de crear el “reino de la libertad” crearon campos de explotación y exterminio) constituyó una de las tragedias de nuestro siglo, no sólo por los millones de muertos inocentes que causó sino también por la pérdida de los ideales revolucionarios que tuvo como consecuencia.

IV

Rozitchner me ataca comparándome de una manera arbitraria con Jouvé. Según él, Jouvé habría estado en el momento del asesinato del Pupi y se habría opuesto a su ejecución. En consecuencia -afirma- no fue culpable. Esta es una tergiversación de lo sucedido.

Es cierto que Jouvé en un primer momento se opuso, pero luego acató la orden de su Comandante... (Jouvé lo reconoce así en su entrevista) y por eso yo dije y lo sostengo que fue culpable (como lo soy yo, aunque más no sea de una manera “intelectual” o “imaginaria”, como me acusa Rozitchner peyorativamente).

Rozichtner piensa que yo debí plantear mis dudas durante el desarrollo de aquellos acontecimientos: ignora que yo le advertí a Massetti –por intermedio de Ciro Bustos, quien puede eventualmente testificarlo- mi resolución de cortar todo vínculo con el grupo guerrillero si mataban, en un nuevo asesinato, a Frontini (alias “el grillo”).

Posiblemente Rozitchner dirá: ¿cómo puedo yo saber eso? Yo le respondo: y si no lo sabe ¿por qué afirma algo que no sabe y que me implica moralmente?

V
Rozitchner construye una suerte de mito: un Jouvé valiente, revolucionario, encarcelado, puro (y seguramente lo es, pero estamos discutiendo de otra cosa y no de los valores éticos de Jouvé), y un del Barco medio loco que se responsabiliza de algo de lo cual nadie lo acusa.

Sin embargo Jouvé reconoció con todas las letras que “de alguna manera todos somos responsables”.
Rozichner también ignora esta frase que para nuestra discusión es una frase esencial.

Habría que analizar detenidamente la palabra “todos” utilizada por Jouvé (¿se refiere sólo a la guerrilla o a todos, incluido Rozitchner?) y la palabra “responsables”... Si aceptamos que “somos responsables” debemos consecuentemente aceptar que somos libres y entonces de nada vale recurrir a las “circunstancias” o a la “época” para tratar de explicar los actos cometidos.

Frente a estos problemas Rozitchner pasa olímpicamente de largo: ¿para qué analizar si desde hace años él ya tiene todo explicado mediante su esquema “marxista”-“psicoanalista” o como se lo quiera llamar?

Dice que “Jouvé no es culpable” porque la situación que enfrentó (vale decir la posibilidad de ser muerto) lo exime de culpa.

Pero precisamente de esto es de lo que estamos hablando, de situaciones extremas donde se arriesgaba la vida. No estamos hablando de psicología ni de sociología sino, aunque no le guste la expresión, de política y de ética, ¿o no se da cuenta?

Veamos los hechos: Jouvé acató las dos órdenes de muerte (porque participó en dos asesinatos, aunque Rozitchner, de acuerdo con su método manipulador, hable sólo de uno) y por eso fue, como lo fueron todos los demás, responsable y culpable (el propio Jouvé así lo reconoce).

La interpretación de Rozitchner apunta a contraponer a Jouvé con mi propia confesión de culpabilidad, a la que sin comprender trata de ridiculizar.

Respecto a mi posición, que Rozitchner considera “abstracta”, propia de un intelectual al margen de la “verdadera” acción, no puedo sino preguntarle: ¿cómo sabe que estaba al margen de la “acción” y que era “abstracta”? Pero además ¿qué quiere decir que una acción es “verdadera” o que es “abstracta”?

¿Sólo la militancia política es verdadera? ¿La creación cultural, el arte, la filosofía, la religión, la ciencia, no son verdaderas por ser “abstractas”?

Es como si yo, que no sé nada de él, me pusiera a hablar de su vida calificándola de “abstracta”, “profesoral” o lo que sea.

Tal vez si lee las “memorias” de Ciro Bustos (sería deseable que las leyera) se lleve una sorpresa, y a lo mejor tome conciencia de la irresponsabilidad que implica la fábula que ha construido sobre estos trágicos acontecimientos.

Pero ¿qué puedo decir yo, cómo defenderme, si de antemano Rozichtner me ubica “entre los que miran siempre sin riesgo, desde afuera”?

No obstante insisto: ¿cómo Rozitchner puede decir lo que dice si ignora todo respecto a mi participación en lo sucedido? ¡Claro que a él eso no le importa ya que le basta con una construcción ad hoc para la cual los hechos son accesorios!

VI

Candorosamente, Rozitchner sigue creyendo en la “revolución comunista” y en la “revolución cubana” (está de más decir que tiene todo el derecho a pensar de ellas lo que quiera… pero también yo tengo el derecho de pensar lo que quiera… ¿o por eso me incorporo a la fila de los “quebrados” o los “traidores”?).

En un texto apologético leído en Cuba en 1999, Rozichtner sostuvo que “Lo original de la revolución cubana consistió en el modelo de vida, de pensamiento y de obra que desde sus dirigentes se expandía, porque venía desde la gente e iba hacia la gente” (El ojo mocho, 18, p. 62), para terminar hablando, muy suelto de cuerpo, de lo que llama el “hombre nuevo” cubano. Parece un chiste.

¿Ignora el “caso” Padilla, el poeta al que le quitaron un premio concedido por la Casa de las Américas, lo pusieron preso, lo obligaron a firmar una declaración bochornosa de auto-inculpación y finalmente expulsaron del país (al respecto se puede consultar la revista “Confines” número 17, con un extenso dossier sobre este tema)?

¿Ignora el fusilamiento del “comandante” Ochoa por un presunto tráfico de drogas (¡un “Comandante de la Revolución” acusado de narcotraficante!)?

¿Ignora que hay gente que no puede salir de Cuba? ¿Ignora la persecución y el encierro de los homosexuales?

¿Ignora el control severo de las publicaciones y de todos los medios de expresión?

¿Ignora que desde hace 50 años Fidel Castro se mantiene en el poder y que ha designado como sucesor-heredero a su hermano Raúl? ¿Esta dictadura hereditaria, me pregunto, es lo que quiere para nuestro país?

Y si no lo ignora entonces ¿está de acuerdo? ¿Eso es lo que considera una revolución socialista? ¿Cree realmente que un dictador como Fidel Castro y que asesinos como Guevara y Masetti son “guerrilleros heroicos”?

VII

Pero Rozitchner no se limita a criticarme sino que aprovecha la ocasión para exponer su “filosofía de la historia”. Como “filósofo” y político su “Idea” fundamental es el descubrimiento del sujeto como “núcleo de verdad histórica” (algo olvidado por esa abstracta “intelectualidad de izquierda” a la que acusa de “izquierda-sin-sujeto”).

Para Rozitchner, “izquierda sin sujeto” quiere decir una izquierda sin obreros, sin campesinos, sin pequeños burgueses, vale decir sin “sujetos” que hagan la revolución. Mientras que izquierda con sujeto sería, por el contrario, la izquierda que supo encontrar y dirigir al “sujeto” revolucionario: por ejemplo al proletariado dirigido por el Partido “revolucionario” de Lenin; al campesinado de la “larga marcha” maoísta; alcampesino de la “revolución cubana”...

Rozitchner descubre el problema de un sujeto al que define perogrullezcamente como “núcleo de verdad histórica”. Por supuesto que sin sujeto no puede haber verdad de ningún tipo; y sin una clase, multitud o lo que sea, fundamentalmente interesada en la revolución, los revolucionarios no pueden hacer la revolución… ¡vaya con el descubrimiento!

Está claro que Rozitchner queda preso del juicio hipotético: si se dan tales o cuales condiciones objetivas y subjetivas entonces se producirán tales o cuales efectos, entre ellos la revolución. Por supuesto, si mañana lloviera oro todos seríamos ricos...

Pero después del fracaso de todas las experiencias que se autoproclamaron “revolucionarias” ¿todavía Rozitchner sigue pensando que esas llamadas “revoluciones” eran realmente revoluciones?

Y si no lo cree ¿cree entonces que sus fracasos se debieron sólo a deficiencias “abstractas” de la izquierda? ¿Cree que aún no se ha puesto el “cuerpo” suficientemente? ¿No piensa que eso que él llama “revolución” puede ser hoy algo de hecho imposible, entre otras cosas porque en el mundo ya casi nadie quiere esa revolución, llamémosla leninista, maoísta, fidelista, guevarista o como se quiera?

VIII
Rozitchner afirma de manera reiterada que existen dos tipos de violencia: una violencia reaccionaria, “instalada como sistema”, y una “contra violencia” revolucionaria, “radicalmente distinta de la otra”. ¡Qué simple y qué claro resulta todo a partir de este esquema!

Pero cualquiera que haya leído mi carta sabe que me refería a la violencia asesina ejercida por un grupo guerrillero sobre dos de sus miembros: en ese caso, le pregunto, ¿contra quién se ejercía la llamada “contra-violencia” si se trataba de dos muchachos indefensos y enfermos frente a un grupo de “revolucionarios” fuertemente armados?

Según Rozitchner la contra-violencia estaría, por principio, justificada. ¡De esta manera las dictaduras mal llamadas “socialistas” pudieron y pueden justificarse con sólo cambiar los nombres y en lugar de “dictadura” decir “contra-violencia”! ¡Un pase mágico que justifica el asesinato llamándolo contra-violencia!

El problema surge cuando la llamada “dirección revolucionaria” ejerce una violencia feroz contra el pueblo o contra lo que Rozichtner llama el “sujeto” revolucionario.

A la dictadura y a la violencia del mal llamado“socialismo real” se la podría eventualmente, y contra toda evidencia, llamar “contra-violencia”… pero por desgracia los millones de asesinados siguen siendo millones de asesinados, al margen del nombre que se le dé a la acción de sus asesinos…

Es obvio que si alguien ejerce violencia (familiar, fabril, educacional, hospitalaria, carcelaria, política o la que sea…) el que padece la violencia puede resistirse y de hecho infinidad de veces se ha resistido; y también es obvio que, de existir, la izquierda tendría que impulsar todas las formas de resistencia de los seres humanos contra toda suerte de violencia, de explotación y de opresión...

Pero lo que yo problematizaba era y es la muerte, quiero decir la violencia como muerte y no lo que Rozitchner llama, como si hubiese hecho otro gran descubrimiento, “contraviolencia”.

Rozitchner me pregunta -por supuesto que retóricamente- qué haría yo si alguien viniese a matarme.

Por empezar creo que me defendería, y además creo que podría llegar a matar al agresor defendiéndome (digo “creo” porque nunca se puede prever de manera absoluta lo que uno puede llegar a hacer con su libertad en circunstancias extremas).

Pero el hecho de que yo llegara a matar ¿qué demuestra? Sólo demuestra que yo en determinada situación puedo matar, como cualquiera por otra parte… Pero, agrego, y esto es fundamental, puedo también no matar.

Rozitchner dice, por el contrario, que hay hombres, él entre otros, que no pueden matar, que esencialmente no pueden matar.

Lo afirma en su trabajo “Violencia y contraviolencia” diciendo que él es “completamente incapaz de dar la muerte a otro ser humano”. Más allá del convencimiento esencialista de Rozitchner creo que ningún ser humano puede saber de antemano, de manera absoluta, qué haría en determinadas circunstancias (ante la tortura de un hijo, por ejemplo) pues como seres libres debemos cargar siempre con la terrible posibilidad de traicionar, de delatar o de matar.

Lo que no tiene en cuenta Rozitchner es que yo hablo de muerte y no de violencia en general o abstracta. En mis libros y en mi vida (ante todo mi vida universitaria) he planteado el derecho y la necesidad de resistir (y la resistencia conjuga en el mismo acto la libertad y la responsabilidad)la injusticia, la explotación y la depredación.

He planteado una contra-violencia, si se quiere usar esta expresión, no asesina. Esto es algo totalmente distinto a la pasividad absurda que me atribuye Rozitchner.

IX

Rozitchner dice que yo hablé “sin que nadie me lo pidiera”. La expresión es extraña y peligrosa en boca de un “revolucionario”; lo digo por las consecuencias que podría tener sobre la vida democrática de un país si fuera gobernado por “revolucionarios” con semejantes ideas...

Le pregunto ¿por qué alguien tiene que darme permiso para hablar? Y ¿quién es ese alguien que da permiso? ¿Y al que da permiso quién le dio permiso para dar permiso? Y ¿por qué tienen que permitirle a uno que hable para recién entonces poder hablar? Y finalmente ¿por qué uno no puede “gritar”?

El procedimiento planteado por Rozitchner me recuerda al de los jueces que condenaron a cinco años de cárcel a J. Brodsky -el poeta ruso que después fue premio Nóbel- preguntándole: ¿quién le ha dicho a usted que es poeta, quién lo ha nombrado poeta, por qué usted dice que es poeta? ¿Por qué habla?

¿Quién le ha pedido que hable?, etc….

A mí, en realidad, nadie me pidió que hable, en realidad hablé sin permiso, así no más, porque sí, porque a veces uno no pude hacer otra cosa que hablar...

En cuanto al grito, lo acepto como soledad casi absoluta, sin comunidad, algo vuelto al interior, hacia no sé dónde…

Pero, claro, su método es el “método” que aplican sus “revolucionarios” en Cuba, donde para hablar (se entiende: de política, religión, filosofía, arte, historia, cine, sociología, o de lo que se quiera que no concuerde con la “línea” del gobierno) hay que tener autorización del Partido, de las Organizaciones “populares”, de Raúl o de Fidel Castro...

Por esa causa no se llena el vacío de sujeto de la izquierda, porque, entre otras cosas, nadie quiere tener que pedirle permiso a los comisarios, a los jefes o caudillos, para poder hablar.

X
A Rozitchner le parece “inaudito” que después de 40 años (¿pero realmente cree que en estos problemas se trata de tiempo?) yo “condene a todos”.

Esto es falso, porque yo hablo de responsabilidad, y si alguien se siente “condenado” eso corre por su propia cuenta.

Lo que yo digo es muy simple: si alguien dice (como dice Gelman) que se debe decir la verdad, en consecuencia debe decir la verdad. Me parece que es una exigencia ética elemental.

Yo hablo de culpa respecto a los responsables de dos crímenes, y ante todo hablo de mi propia culpa en esos dos asesinatos y en aquellos que acepté, y hablo de la culpa de todos los que asesinaron y aceptaron o justificaron los asesinatos (¿o Rozitchner no lee sino que se limita a imaginar, a fabular o directamente a mentir?).

Rozitchner dice que yo “ofrezco como modelo” mi sentimiento de culpa (él dice, malévolamente, “mi operación”). Pero me pregunto y le pregunto: ¿de dónde saca semejante barbaridad?
Agrega, además, que esta “es una forma de eludir la realidad de su [mí] pasado en la intelectualidad de izquierda”. ¿Eludir mi pasado cuando lo que hago es tratar de exponerlo y de explicármelo?

En realidad lo que yo hago es asumir mi responsabilidad como un simple ser humano. Respecto a mi pasado todo lo que él puede decir es algo propio de su ignorancia e irresponsabilidad, y digo esto, repitiéndome, por la sencilla razón de que él, como lo he demostrado anteriormente, no conoce mi pasado.

Yo asumo mi responsabilidad por haber sido comunista y por haber apoyado al mal llamado comunismo ruso-soviético, por haber colaborado con el llamado “ejército guerrillero del pueblo” y por haber simpatizado con la Juventud Peronista-Montoneros. Pero en ningún momento me ofrezco como modelo de nada.

XI

Es evidente que Rozitchner está resentido con lo que llama “intelectualidad de izquierda”. La acusa porque no supo, siguiendo sus propias ideas, devenir la izquierda del sujeto histórico de la revolución (el proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía, los intelectuales) y por ser, en consecuencia, una “izquierda sin sujeto”, incapaz de hacer la revolución y caída finalmente en los extravíos guerrilleros.

También se deja llevar por su ímpetu generalizador y acusatorio diciendo, en su discurso a los cubanos, que las madres de plaza de mayo “desafiaron la cobardía colectiva allí donde toda la población había defeccionado...” (yo subrayo).

Me parece un sin sentido hablar de toda la población cuando en realidad hubo miles de mujeres y hombres que no “defeccionaron” sino que dieron o arriesgaron sus vidas en ese tiempo siniestro.

XII

Por último quiero señalar dos cosas:

La primera es su acusación respecto a que intencionalmente nosotros (los que integramos Pasado y

Presente y, seguramente, también la llamada izquierda-sin-sujeto) le ocultamos la verdad al pueblo respecto a la guerrilla.

No se le pasa por la cabeza que nosotros, como decenas de miles de otros argentinos, creíamos en lo que decíamos y en lo que hacíamos. Lo cual, por supuesto, de ninguna manera nos justifica.

En su artículo me acusa insistentemente: dice que “soslayo el debate”; que mi patetismo se debe a que sigo “escamoteando” el análisis; comentando una frase de Ricardo Forster, habla de una “complicidad acrítica... que ocultaba la ‘cuestión crucial’”; se refiere a un “pacto de silencio” para excluirlo a él y a otros (¿?) del diálogo; habla de “encubrimiento”; mi grito dice que “esconde” los dilemas de mi propio pasado; y que seguimos soslayando la reflexión filosófico-política, no permitiéndola; repite que yo soslayo la eficacia de la derecha; me acusa de los efectos producidos por ese “ocultamiento”; lo que pasó después de “ese hecho trágico” fue “ocultado” con todas las consecuencias que esto tuvo; habla de nuestro “ocultamiento de estos últimos veinte años”...etcétera….

Esta acusación de “ocultamiento” y pacto de silencio es una injuria de Rozitchner.

Lo que Rozitchner no puede comprender es que “ellos”, es decir “nosotros”, los que integramos el grupo originario de “Pasado y Presente”, más una parte de la izquierda (salvo él, por supuesto), nos equivocamos en nuestros planteamientos políticos.

Donde él ve un pacto destinado a ocultarle a los obreros y estudiantes la realidad de sus posibilidades revolucionarias, lo que en realidad existió fue un error de apreciación política (desgraciado y dramático, por cierto) fundado en un desconocimiento de la realidad socio-económica de nuestro país y en una concepción ideológica equivocada (ante todo leninista y guevarista) de la política.

Es cierto que yo y mis “amigos” nos equivocamos afiliándonos al partido comunista, nos equivocamos colaborando con el “ejército guerrillero del pueblo”, nos equivocamos con los montoneros... Es cierto que fueron equivocaciones graves y a veces trágicas, pero lo que es falso, lo que es una calumnia, es que fueran equivocaciones destinadas intencionalmente, mediante lo que él llama “pacto”, a impedirle a nuestro pueblo tomar conciencia de la realidad.

Los seres humanos somos responsables porque somos libres y en consecuencia podemos decidir. Esa libertad, esa responsabilidad y esa decisión, fundan lo que llamo culpabilidad.

Yo estuve en el partido comunista y como comunista apoyé a la Unión Soviética, y por lo tanto soy responsable de sus millones de asesinatos y torturas. Cuando la U.R.S.S. invadió Hungría yo, como dirigente estudiantil, apoyé la invasión que significó la muerte de miles de patriotas húngaros. Yo apoyé a China, a las llamadas democracias populares y a Cuba. Apoyé dictaduras totalitarias iguales o peores que el nazismo. También apoyé al “ejército guerrillero del pueblo” y la lucha de la Juventud Peronista y del movimiento armado “montonero”.

Todo eso es lo que siento como culpa. De esos crímenes hablo cuando hablo de culpa. Y sé que el sentimiento de culpa no me redime, que ni la ignorancia ni la “situación” (como sostienen algunos para salvar su buena conciencia) nos absuelven de nuestras responsabilidades. Sé que este hecho es un hecho irremediable.

Quienes pretenden explicar estos hechos recurriendo a la “situación” propia de esos tiempos no advierten que la “situación” nos abarca a todos, incluidos los Videla, los Menéndez. ¿O ellos no son también fruto de situaciones determinadas? ¿O acaso la “situación” funciona para unos y no para los otros?

XIII

Nuestros planteos políticos erróneos, y este es el punto central de mi discusión, no fueron producto de un “pacto de silencio” y de un “ocultamiento” -como afirma Rozichtner- sino de nuestra propia ideologización e ignorancia.

Luther King dijo que las grandes atrocidades de nuestra época “no fueron las fechorías de los malvados sino el silencio de las buenas personas”: silencio frente a la violencia de las instituciones, de las policías, de los ejércitos, de las escuelas, de los manicomios, de las iglesias, de las familias; silencio frente a las injusticias, frente a las desigualdades, frente a la maldad.

Desgraciadamente no puedo dejar de incluirme en este silencio miserable… (claro, él dirá que estoy gozando al victimizarme, pero ¡allá él con su psicoanálisis!)

Lo que descubrieron las víctimas de la shoa y de los gulags fue “la especie humana”, nuestra especie, a nosotros mismos como seres capaces, al menos potencialmente en cuanto somos seres libres, de hacer el mal.

Por otra parte estoy convencido de que cada uno tendría que asumir su responsabilidad y eventualmente su culpabilidad. No por el solo lamento, por la sola desesperación de un “alma bella”, sino como una forma-de-ser que tal vez nos abriría a “cualidades” fundamentales como son la mansedumbre, la piedad, el amor, la hospitalidad, la tolerancia y, aunque parezca un oxímoron, al poder de la no violencia…

En este sentido pienso positivamente en el judeo-cristianismo, aunque esto a Rozichtner le parezca un puro extravío, y también pienso en un posible más allá del judeo-cristianismo, aunque esto le parezca una desmesura.

A mi juicio el “no matar” se inscribe en la insistente necesidad humana de vivir libres de toda violencia.

Previo a lo maternal y a lo paternal el no matar sería el balbuceo de la vida que clama por el respeto absoluto de la Vida como absoluto. Creo que el llamado o la súplica del no matar es la vida misma y la posibilidad de la vida manifestándose y perseverando como vida.

Oscar del Barco

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Oscar del Barco no concede reportajes: vive austeramente y solitario en la ciudad de Córdoba: durante el proceso militar se exilio en Mexico donde fué profesor emérito de la Universidad de Puebla. Después de volber a la Argentina y publicar libros monumentales sorprendió a la izquierda argentina a la que estuvo unido si jamás intervenir en hechos de crímenes fácticos, con un mea culpa doloroso y desgarrador: su actitud no solo causó estupor sino ataques de todo tipo de sus ex-compañeros y algunos que nada sabían de su militancia. Nadie se enteró de todo esto que quedó reducido a una polémica entre universitarios.

En otro país las cosas hubiesen hubiesen tomado otro cariz: era un protagonista el que se confesaba tan responsable como los militares de la junta..., y sin embargo, los argentinos, mareados con el día a día dejaron pasar este documento fundamental para comprender nuestra historia más allá de las disputas jurídicas acerca de los derechos humanos.Oscar Portela

Oscar Portela
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