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La vida no vale nada en México

Anonyme, Jueves, Febrero 23, 2012 - 09:30

Maria Dominguez

No hay servicio medico de emergencia

LA VIDA NO VALE NADA EN MEXICO
Por: Maria Dominguez
El domingo 19 de febrero del 2012, me subí en el autobús urbano número 25 de la ruta 76 que va con dirección a Milpas, en la Delegación Tlalpan de la enorme y caótica Ciudad de México. De la estación del metro CU a Milpas, el autobús se hace aproximadamente una hora. Al subirme me encontré a una amiga y me puse a platicar con ella. La plática era tan amena que no sentí pasar el tiempo. Era más de media hora de trayecto cuando de repente la gente gritó y se paró de sus asientos, yo hice como todos y me paré asustada preguntando a diestra y siniestra lo que pasaba, tuve miedo que el ejercito y la policía estuvieran frente a frente con narcotraficantes y que nuestro autobús se encontrara entre dos fuegos pero no era así, una señora me dijo “creo que hubo un accidente” pero no se oía muy bien debido a la música tan fuerte que el chofer llevaba puesta y yo me quedé sorprendida y me dije a mi misma: “Me han tocado varios accidentes de autobuses pero la gente no paníca de este modo”.

Me bajé del autobús como todo mundo lo hacía y miré a un niño tirado en el asfalto, revolcándose de dolor con la llanta derecha delantera del camión sobre su pié izquierdo y que no dejaba de gritar, varias personas comenzaron a usar sus celulares para llamar a la policía y a la ambulancia. No había ningún médico entre los pasajeros del autobús ni entre los curiosos que comenzaban a llegar, eran las 20:15, el autobús quedó inmovilizado entre las calles Chicoásen y Tizímin en el Pedregal de San Nicolás de la Delegación Tlálpan, en la enorme y caótica Ciudad de México.

Yo me quedé mirando al niño y creí que era el único accidentado, pero a un momento dado decidí atravesar la calle y con horror descubrí que había una joven niña o señora que yacía en el asfalto junto a la banqueta, echando sangre por boca y nariz.

Como a los 15 minutos comenzaron a llegar las patrullas de la policía, unas cinco patrullas se posicionaron en los alrededores, pero ninguna de ellas traía cuerpo médico ni de primeros auxilios. Los heridos se revolcaban en el asfalto, de dolor, y la muchacha seguía sangrando por boca y nariz sin recibir ninguna atención médica. La gente y la policía no paraban de llamar a la ambulancia pero, según la versión de testigos, la ambulancia venía desde un punto muy lejano de esta enorme y caótica Ciudad de México y el tráfico no permitía que los heridos recibieran los primeros auxilios en un tiempo adecuado. En los alrededores del Pedregal de San Nicolás no existe ningún cuerpo médico para auxiliar a la población en caso de emergencia, esto quedaba muy claro. “La vida no vale nada” en México, como dice la canción de José Alfredo Jiménez.

¿Cómo sucedió el accidente? ¿La joven señora y sus dos niños venían saliendo de la tienda? ¿El chofer no los vió? Porqué quedó el niño del lado derecho con el camión encima y la señora del otro lado de la calle echando sangre por boca y nariz? ¿Porqué, dicen, que la niña que gritaba al lado de su madre, tenía las costillas rotas?

En México no existe ninguna reglamentación del servicio de pasajeros. Los choferes son gente que no reciben ningún tipo de adiestramiento y aprenden a manejar en la calle, acompañando a los choferes de planta y viendo como le hacen, para aprender el oficio. La mayoría de los choferes no terminaron ni la primaria y casi no saben leer ni escribir. Los choferes son conocidos por ser déspotas, arrogantes y majaderos y se agrupan en pequeñas bandas de asaltantes y criminales de todo tipo. Cuando asaltantes se suben a un autobús, con pistola en mano, a despojar a los pasajeros de sus pertenencias, se sospecha siempre de la complicidad del chofer con los criminales para obtener una parte del botín. Los gobiernos municipal, estatal y federal están coludidos con los dueños de autobuses para que siga reinando el desorden en el transporte en común. Entre más corrupción exista, más dinero hacen choferes, policías y gobiernos de todos los niveles. Hay superiores que les exigen una cuota a los policías, si no roban los corren. Por eso nunca se acaba con la delincuencia en México. En este país, los dueños del transporte urbano hacen lo que quieren, nadie les dice nada, nadie los regula, no tienen que rendir cuentas a nadie, no hay gobierno. Casi a diario se vé a los choferes de urbanos hacer “carreritas” para ganar el pasaje a otros urbanos, conduciendo a velocidades verdaderamente peligrosas para los pasajeros y los transeúntes.

La gente no dejaba de llamar a la ambulancia, los policías también le hablaban por radio y la joven señora seguía tendida en el asfalto esperando la ayuda médica. Algunas personas le echaban aire con una cartulina para que no le faltara oxígeno. Como a los 40 minutos después del accidente, yo quise ver como estaba reaccionando la señora y me asomé entre la gente y la miré que tenía los ojos cerrados y un semblante muy relajado, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo y le pregunté a una muchacha que estaba a mi lado “¿Crée que todavía esté respirando?” a lo que ella me respondió “oí decir que ya no tenía pulso”. La gente seguía llamando a la ambulancia, la policía se veía ridícula defendiendo y protegiendo al chofer criminal del autobus 25, de la ruta 76, de la agresividad de la gente y no haciendo nada por salvar las vidas de las víctimas. En México ya es costumbre que la policía llega a proteger a los criminales.

El accidente sucedió a las 20:15 horas del domingo 19 de febrero del 2012 en la esquina de Chicoásen y Tizímin en la Delegación Tlalpan de la enorme y caótica Ciudad de México y no fue que hasta las 21:15, exactamente una hora después del accidente, que el grito de una persona nos advertía “ya está llegando la ambulancia” y la gente comenzó a abrirle paso a la ambulancia y a los paramédicos que se apresuraron a prodigarle los primeros auxilios a la joven señora, que parecía que estaba en un sueño profundo y se dejaba manipular sin oponer ninguna resistencia ni quejarse de ningún dolor. Se oyeron gritos de dolor de familiares, amigos y pasajeros cuando oyeron decir a los paramédicos que la joven señora que estuvo tendida en el asfalto durante una hora, esperando auxilio, ya había fallecido y no se podía hacer nada por ella. El camión urbano de la ruta 76 que viaja con dirección a Milpas, la había enviado a la muerte.

La ruta 76 tiene varios dueños de autobuses urbanos que se comportan como verdaderos tiranos en el sector donde viven, como es el caso de la señora Imelda Medina Guadarrama que entre sus choferes y chalanes tiene verdaderos criminales que, además de aprender a conducir, asaltan, intimidan, amenazan y roban a comerciantes y peatones. La señora Medina Guadarrama, además, es propietaria de la tienda “La Esmeralda”, base de operaciones e intimidaciones del que se oponga a ella y nido de drogadictos, asaltantes y todo tipo de criminales. Ella es dueña de varios autobuses de la línea 76 y vive en la calle Kaua, lote 15, Manzana 982, en Bosques de San Nicolás, Delegación Tlalpan, Ciudad de México. A ella la llaman “la jefa” porque afirma estar “bien parada” con el jefe delegacional de Tlalpan, Higinio Chávez García y con el jefe de gobierno, Marcelo Ebrard. Entre las cosas que sus vecinos dicen que hace está:
-Tapa con sus camiones, casas y comercios.
-Amenaza con golpear a cualquiera con la horda de choferes y chalanes que están a su servicio.
-Presume tener mucho dinero e influencias.
-Ya existen antecedentes de denuncias ante la PGJ pero no hay justicia que valga contra ella.
-Presume de ser muy amiga de Marcelo Ebrard y de Higinio Chávez García.
-Los vecinos han llamado en varias ocasiones a la policía y “no pasa nada”.
-Ya los vecinos tienen miedo de denunciar porque las autoridades no les hacen caso y doña Imelda, “la jefa”, siempre sale ganando.
-“La jefa” ha enviado a sus choferes y chalanes a asaltar y golpear a algunos vecinos.
Algunos dueños de autobuses de la ruta 76 son conocidos por “broncudos”, “majaderos” y esta vez han causado la muerte de una joven y algunos heridos.

María Domínguez
mari...@hotmail.com



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